Sin Ceros

¿Cómo pudimos perder, si éramos tan sinceros? Charlie Brown, 1963. Diario virtual ciertamente no diario y virtualmente incierto de Issa López, guionista y directora de Efectos Secundarios, Casi Divas y otras curiosidades, quien usa este espacio para no hacer el trabajo que debería de estar haciendo.

lunes, septiembre 18, 2006

Fugitiva del deber

Tengo que reconocer que escribo aquí, sobre todo, cuando me estoy haciendo idiota para no escribir lo que tengo que escribir. Cuando veo la página del ScreenWriter (ya hablaremos algún día de los procesadores de texto para cine y sus desventuras) y no puedo poner una palabra más de lo que en este caso dice Julio Marambio, sobre todo porque -también tengo que reconocerlo- no estoy muy segura de quién es ese señor, y los personajes que hacen lo que se les da la gana, me dan miedo.

El caso es que estoy escribiendo esto, símbolo de lo mal que van las cosas por allá, con Julio y su Alto Calibre, de quien ya les contaré más tarde. Y me voy a centrar en la desdichada historia de un fin de semana del carajo, que empieza conmigo perdiendo mi computadora. Sí, sí, sí, caraaaaaajooooo!!! De verdad, mejor me hubieran quitado el coche. La perdí en el Manacar, viendo Solo Dios Sabe, y si me encuentro a Carlos Bolado le voy a cobrar mi power book, tan plateadita ella, tan bonita, tan llena de fotitos de Efectos, y tan... mía, me lleva!!! De veras que hay veces que dan ganas de ser bruja. Poder lanzar un hechizo rastrero que haga que al infeliz canchanchán mamotrete que me la robó, le crezcan las uñas para adentro, cada vez que toque el teclado.

Mientras, estoy escribiendo -evidentemente NO lo que tendría que estar escribiendo- en la computadora que Pedro-Ignacio -el de Efectos- me prestó.

Este fin de semana no sólo perdí mi Mac. Perdí una chamarra, una edición del Milenio donde me habían hecho una entrevista buenísima -porque resulta que el editor de Milenio es fan de Efectos-, perdí el tiempo descaradamente cobijándome en la excusa que ofrece el desconsuelo de perder mi herramienta de trabajo, y perdí el primer lugar en taquilla, cosa que no es sorpresa, y no debería ni de quejarme, porque nos ha ido de güevos, y seguimos acumulando. Lo importante es que la película se siga recomendando.

Otra cosa curiosa: que les pidan el autógrafo a los actores de la película. Como nos dijeron que hoy quitaban los espectaculares esos monísimos con Marina en su vestido rojo, corrimos a hacer el oso y sacarnos fotos enfrente de alguno. Pero sin cámara, desde luego. Terminamos sacando las fotos con el celular, y quedaron bastante pinches; ya las subiré en este blog, para que las vean.

El caso es que antes nos vimos en un Starbucks, porque ya nos rendimos ante la invasión de las corporaciones transnacionales y sus moka venti blancos, y ahí reconocieron a Marina. Y haciendo un recuento, a Pedro ya le pidieron el autógrafo en otro, y a Arturo, el gerente de otro le gritó el otro día que él también tiene un cuarto interior... de lo que hemos concluído que nuestro target es la banda de Starbucks. Qué jodido...

En fin. Me voy a hacer eso por lo que me pagan, para ver si compro una máquina nueva. Pronto escribiré más en este blog... y es lo que más me preocupa del asunto.

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