Sin Ceros

¿Cómo pudimos perder, si éramos tan sinceros? Charlie Brown, 1963. Diario virtual ciertamente no diario y virtualmente incierto de Issa López, guionista y directora de Efectos Secundarios, Casi Divas y otras curiosidades, quien usa este espacio para no hacer el trabajo que debería de estar haciendo.

sábado, octubre 27, 2007

Hans Zimmer, Bellas Artes y Patines

En la foto, Hans Zimmer, divertiéndose, como acostumbra.

Pues sí, Hans Zimmer, ganador del Oscar que hizo la música del Rey León, Gladiador, Batman regresa, Los Piratas del Caribe, Thelma y Louise, Mejor Imposible, y en total 106 películas y contando, va a hacer la música de Casi Divas, y lo pueden ver aquí.

Y la otra buena noticia, que ya se discutió en el mini-chat, pero hacemos oficial, es que (finalmente!) gané el premio de novela de Bellas Artes, y lo pueden ver aquí.

Lo de la novela, es para morirse de risa, si no fuera casi para llorar. La escribí hace 11 años. Y me dediqué como un año entero a meterla a todos los concursos y todas las editoriales. Pero nadie la peló. Y mi carrera en literatura, se murió ahí. Nunca superé la tristeza de que lo que consideraba mi mejor trabajo, el más largo y el más cuidadoso, se pudriera en un cajón. Y dejé de escribir literatura, casi sin darme cuenta, cuando había sido el centro de mi vida durante años. Corte a: Como comenté aquí, a partir de mi taller con los actores de Efectos, escribí una obra de teatro el año pasado. Y cuando estaba en la preproducción de Casi Divas, le pedí a mi asistente que la mandara al concurso de dramaturgia de Bellas Artes. Mi asistente, Dios te bendiga, Marquito, me preguntó si era lo único que quería yo que mandara, y acordándome, y nomás por no dejar, le dije que buscara una novela en mi computadora, y que la mandara también a los concursos de Bellas Artes. La novela fue la última en entrar a la convocatoria. Así pues, filmé la película, la edité, pasaron los meses, yo me olvidé... y un día recibí la llamada de Bellas Artes. No, no para la obra de teatro. Para la novela.

Y lo curioso es que ese mismo día, por la noche, tenía ganas de volver a escribir. Por supuesto.

La novela se llama Lengua Muerta. Se llamó antes Ministerio de Otros Dioses, y Últimos días en el País del Rayo. Y trata justamente de el choque entre muchos Méxicos; los indígenas que llegan a la ciudad, los Chilangos que no sabemos qué hacer con ellos, y la imposibilidad última de comunicarnos. Lo curioso es que Casi Divas roza todos esos temas.

Para responder a la pregunta que hizo todo mundo, -mil gracias, chavos- no, no está publicada. Parte del premio es la publicación, que esperemos no sea muy tardada. Como sea, aquí les iré contando.

Ahora Zimmer! Fue un tanto cuanto surrealista. Mi productor, adorado Gabriel Ripstein, me llamó un día en el set, cuando nos faltaban unas dos semanas de rodaje, y me dijo que quería hablar conmigo. Cosa mala, cuando el productor todo circunspecto te sale con esa. Se siente un poco como cuando te llaman de la dirección en la escuela. Ahí voy, enumerando las posibles defensas que iban desde el Yo creo que así va a funcionar la secuencia, hasta el yo no sé nada de presupuestos, y no hablo sin mi abogado. Pero el productor me mira muy serio y me pregunta si sé quién es Hans Zimmer. Yo parpadeo. No, pues por 50 puntos si sé. O sea, sé que es músico, muy importante, muy Hollywood, muuuy fregón, y ya. Entonces mi productor asiente y me dice que si me interesaría que hiciera la música de la película. Y yo me río. No, pues también me encantaría que Lawrence Kasdan hubiera escrito el guión. Pero mi productor no se ríe, porque resulta que Gareth Wigan, que es algo así como el Jedi Master de la producción internacional de Columbia, (este caballero inglés es una leyenda en el negocio, y ni les digo en qué películas ha participado, porque no me lo creerían) y que se ha portado verdaderamente como un príncipe con esta redactora, es muy amigo de Zimmer, y en un lunch le contó de que va Divas, y que dice Zimmer que le latería mucho hacerle la música. Y yo que tengo que agacharme para recoger mi quijada que cayó encima de los zapatos de Ripstein.

Total que mucho no me lo creí. Tantas variables... y mejor no esperar mucho para no llevarse madrazos, filosofía de perdedora que aprendí a punta de nunca recibir patines en navidad. (aunque una vez los Reyes Magos me dejaron un vale. Historia verdadera y verdaderamente patética que merecería su propio post, pero será en otra ocasión. Para la tranquilidad de nuestros suscriptores, añadiré simplemente que esta redactora ya tiene patines, pero los compró ella misma, a los 24, malversando el presupuesto de la producción de un corto -nunca más he desviado fondos. Lo juro- y pues digamos que nunca fueron lo mismo que a los 7. Esta historia también es lo suficientemente complicada y absurda como para merecerese su propio post. Pronto).

La cosa es que hicimos un demito de Divas, se lo mandamos a Hans... y le encantó. Y finalmente tuve que creermelo cuando fui a Los Angeles y le enseñé la película. Y le encantó aún más. Y empezó a componer música enfrente de mi. Y pues ya iba siendo hora de creérselo, a pesar de todas las ausencias de patines en todas las navidades del mundo.

La historia completa de qué pasó en esos 4 días de música y no creérmela, en un rincón de Viena perdido en Santa Mónica, en el siguiente Post.

Un saludo a todos, y de nuevo, como siempre, gracias por las porras!


En el video, Zimmer dirigiendo para True Romance, de Tony Scott


video

martes, octubre 09, 2007

Mantras y Mandamientos

Ana Layevska es Ximena. Foto de Daniel Daza.

Ximena tiene un mantra: Lo ves... y lo consigues. Y lo consigues. Y lo consigues, porque lo consigues y ay del que se meta en su camino porque a Ximena le sale lo Jalisco, lo Leo y lo Lizárraga y al que se meta con ella le salen ganas de no haber nacido.

Papá banquero, Mamá ex-finalista de Miss Jalisco y ningún hermano para hacerle la competencia, Ximena está acostumbrada a hacer lo que se le da la gana y a que se haga lo que se le da la gana... empezando por ella misma. Disciplinadísima, ligeramente obsesiva, altamente competitiva y muy segura de lo que quiere, Ximena sabe que nadie se va a poner entre ella y su meta: Convertirse en la siguiente gran estrella del cine Mexicano.

Que de dónde le viene a Xime lo segura y decidida? A lo mejor de los muchos años que fue la gordita de la escuela. O, como le decían de cariño, la foca. A lo mejor del día que dijo basta, y como dice mamá: "Cero que el buñuelo, cero que la dona" y se quitó todo el sobrepeso, para convertirse en la sirena vengadora que es ahora, dispuesta a comerse al mundo (siempre y cuando sea light) a mordidas para llegar a donde sea. Y nadie va a detenerla. Lo ves, y lo consigues. Y Ximena va a conseguir el papel soñado en la película soñada que la lanzara a la fama. Internacional, muchas gracias.

Catalina no tiene un mantra. Tiene un mandamiento: sobrevivir. Guerrera de la frontera norte, nómada natural, de pocas palabras y mirada que termina por desnudarlo todo, ha decidido que si se convierte en estrella, terminará con todos sus problemas. Una estrella no tiene que pelear todos los días. Una estrella viene y va, y nadie le dice nada.

Gladys, su mejor amiga, es la que la anima a lanzarse a México para ganar el concurso. Sabe que si Catalina quiere, va a convertirse en artista y en lo que se le de la gana, así que le depila las cejas y la manda a conquistar la capital y el estrellato. Y ahí va Catalina, hasta el D.F, a demostrar que las hembras de verdad son del Norte... sin imaginarse que las tentaciones de la fama pueden hacerte olvidar muchas cosas. A veces hasta quién eres, y porqué saliste de donde saliste. A veces porqué querías convertirte en otra cosa. Y a veces hasta de qué vienes escapando.

Ximena y Catalina se encuentran, desde luego. O encontrarse es quizás un término suave para el choque de personalidades y la coincidencia de objetivos que las convierten en rivales automáticas... solo para darse cuenta, que en el fondo y en contra de toda apariencia, no son tan distintas como pensaban.

Ximena es Ana Layevska, a la que conozco desde que tenía 16 años, y con la que es mi tercera colaboración. Dedicada hasta lo obsesivo -un poco como Ximena pero mucho más simpática- Ana escribe diarios de sus personajes, entrega investigaciones sobre sus personalidades, hace álbumes con posibles vestuarios y peinados, ensaya sin límite de tiempo, propone, cuestiona. Es una latosa que te hace plantearte y replantearte tu idea del personaje, cambiarla, convertirla en otra cosa, reescribir. Ensayar con ella, quizás por su formación musical, es un ejercicio muy formal de técnica, de afinar acordes, repetir compases, hasta la perfecta ejecución.

Catalina es Diana García, egresada de Drama-Mex e importada efectivamente del Norte. Sensible, intuitiva y necia -en el mejor sentido de la palabra- Diana fue tacleando uno por uno los muchísimos retos que presentaba Catalina; la parquedad de sus palabras y un pasado doloroso combinados con la candidez de una chica que se permite soñar que puede ser estrella, que se ríe con sus amigas al imaginárselo, que se sube en un camión para perseguir un sueño inalcanzable. De una naturalidad sin esfuerzos, Diana tiene esa rarísima cualidad que se busca desesperadamente en el actor de cine: mirada. Y Catalina es un personaje de miradas, de manera que fue ahí donde se encontraron las dos. Y se convirtieron en una.

El placer de trabajar con ambas fue enorme, como el observarlas ayudarse entre las dos a crear una enemistad ficticia, consiguiendo cada una a entender el personaje de la otra en las diferencias, desde técnicas, hasta dramáticas.

Y el resultado, para mi enorme alegría, está en pantalla.



Diana García es Catalina. Foto Daniel Daza.

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