Sin Ceros

¿Cómo pudimos perder, si éramos tan sinceros? Charlie Brown, 1963. Diario virtual ciertamente no diario y virtualmente incierto de Issa López, guionista y directora de Efectos Secundarios, Casi Divas y otras curiosidades, quien usa este espacio para no hacer el trabajo que debería de estar haciendo.

miércoles, marzo 14, 2007

Oliver, Oliver.

En la foto, la nominadísima al Ariel Madame Gollás, yo mera, y Pedro el huerfanito, sustantivo sobre el que me explayare más tarde. Estamos posando todos en el patio del Hotel Coronado, en Coronado Island, San Diego, que es donde la queridísima maestra Elba Esther tiene casita y yate... pobrecita. Pero ahora sí que como le decía a mi amiga Ana: Eso de levantarte en tu yate, en tu camota de satín, te pones tu bata Chanel, donada por los maestros de Oaxaca, vas a tu baño escogido por diseñador... y Karma instantáneo: en el espejo ves esa carita. Como dice mi padre: Ha de saberte a teta de bruja.

San Diego es poca madre, y nos fue de poca madre; no sólo les encantó la película, sino que aparecieron potenciales compradores, fanes inosospechados, y hartas compras innecesarias.
Quiero referir aquí algunos momentos esenciales: Pedro tenía hambre. Llegamos a Tijuana y cruzamos la frontera, cosa que provoca una emoción mezclada, desde el aire que ya huele a gringo, hasta las pintas en el muro que desde hace mucho ya divide las 2 Californias. Cuando llegamos a San Diego, Pedro tenía hambre, así que comimos. Vimos una película de terror que era mucho menos buena que la historia que me había hecho en la cabeza. Pedro tenía hambre, y comimos. Nos encontramos con Ana (AM, Morraaaa!) y Mario, amigazos del norte, y claro, fuimos a cenar con ellos, porque Pedro tenía hambre. Conocimos a Carlos, tipazo que además de ser pocho, hijo de uno de los hermanos Carrión, ex-seminarista, ex-soldado, ex-actor mejor conocido como hijo de Raúl el jardinero en las soapoperas gringas. Pedro tenía hambre, así que comimos algo antes de ir a una fiesta del festival, pero nos tuvimos que ir porque Pedro tenía hambre y había que comer algo. Día 2, Pedro se despertó con hambre, de manera que comimos cualquier cosita, vimos a Jermaine, a Ale, y a comer algo porque Pedro tenía hambre. Película y gran éxito, seguida de cena, porque Pedro se sentía algo hambriento, y tras otras 76 comidas, estoy de regreso. Después de una visita a la báscula que resultó bastante más horrenda que la susodicha película de horror, he decidido que no vuelvo a viajar con Pedróliver Twist que siempre se está muriendo de hambre. Me cae que ni en India vi tanta pinche hambre.

Pero eso sí, terminamos en una fiesta del festival bastante poca madre, bailando -cosa que nunca en mi vida pensé hacer- al ritmo de Paulina Rubio, y escuchando las deliciosamente interminables alabanzas que hacía el hijo de Raúl el jardinero sobre Efectos, mientras Pedro y yo hacíamos los pasos aprendidos en los dvd's que traje de Delhi, Ale agitaba todos sus 1.48 y medio, y Octavio (El sr. Ale) se rehusaba a bailar rolas de Chayanne.

La gente del festival -Larissa, Fernando, Samya, Christian y demás voluntarios y banda- fueron verdaderamente divinos, y la experiencia completa deliciosa. Como la pinche comida, pero en fin.

Ah! Y acaban de invitar a Efectos a Seúl!!! No creo ir, porque puedo -y debo- estar en rodaje, pero si no, me cae que me voy para contarles cómo está Korea. En mientras me voy a Los Angeles el lunes para volver, precisamente, con fecha de rodaje. Ojalá. Y luego ya me quedo por acá para poner algún post que no se trate de pasear.

Hasta entonces!

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