Plano Secuencia

El problema de rodar una película, es que luego dejas de rodarla. El mundo entero se convierte en los eventos que caben en tu llamado; la vida empieza a las 6:30, en tu coche, escuchando Knocking on Heaven's Door. A las 7:00 llegas, con servicio de café y pan, y pides tus corn flakes mientras vas al set para encontrarte con tu Primer Asistente, tu Director de Fotografía, tu Operador de Cámara y tu Script, para bloquear la escena. Les cuentas qué va a pasar, les dices cómo crees que va a filmarse. Discutes con ellos. Cambias de idea. Cambian ellos. Decides algo que en el camino, sin duda, volverá a cambiar. Esperas horas a que maquillen a las actrices. Te ríes de tu fotógrafo, que se provoca una sobredosis de vitamina B12 por andarse inyectando a lo pendejo. Escojes la corbata azul para la camisa rosa de Alejandro, después de discutirlo con Bracho. Hablas de los hijos de la continuista, que te cuenta que era maestra. Alguien saca sus fotos con Mel Gibson. Alguien más te cuenta que Lucha Villa se tardaba cinco horas en maquillarse. Tu productor y Bracho, aburridos, montan una escena en la que se agarran a gritos y se mientan la madre para tomarte el pelo. No les crees porque sabes que se aman en secreto. En un set obscuro, de cartón sin el adorno del lente y el filtro, filosofas con tu operador, sobre el truco de feria que es hacer películas. Te comes tus corn flakes. Finalmente llegan las actrices. Todo lo que planeaste se va al carajo, y no te importa porque lo que resulta es mejor de lo que pensaste. Alguien improvisa algo, y tienes que cortar porque todos se ríen. Tienes una escena que te encanta. Vas por la siguiente. Cortas a comer, y te formas en la fila del catering. Terminas pidiendo pechuga asada porque por más que se te antoje el chicharrón en salsa verde, sabes que no puedes. Expresso doble cortado, mientras te carcajeas con la historia de cuando tu asistente era rockstar, y se dio cuenta de que se le iba a caer el pelo. Vas al set mientras tu fotógrafo, recuperado de la hipervitaminosis, se pasea por los estudios Churubusco en la Harley del foquista. Segundo tiempo, y no te sale la secuencia. Batallas, vas tarde. Corres. A final de cuentas lo resuelves todo en un plano secuencia que se vuelve mágico, y todo sucede como debe, en el último momento. Cortas por el día. Discutes el siguiente con tu equipo. Vas a casa para volver a las 6:30, escuchando de nuevo a Dylan.
El mundo es perfecto; está perfectamente breakeado, y lo peor que puede pasar es que llueva en exteriores, pero hasta para eso hay cover sets. Tu peor enemigo es el utilero que no tiene la mochila de Maya Zapata cuando la pides, pero no pasa de dos minutos de angustia volteando al mundo hasta que aparece. Tienes amigos. Bromas privadas. Alguien que cada vez que lo buscas, se ha ido a comer algo. Alguien que está enamorado de alguien más. Alguien que siempre se queda dormido. Alguien que siempre la caga. Alguien que siempre responde lo mismo. Alguien que se pasa la película entera sosteniendo un rebotito en la cara de los actores. Alguien a quien podrías matar. Alguien sin quien no podrías vivir. Alguien te sorprende en algún momento, con un regalo inesperado, un golpe de genialidad donde menos lo esperabas. Alguien que siempre tiene la frase perfecta. Tienes cómplices por todas partes; quieres que algo no brille, y aparece alguien con un dulling spray. Quieres que alguien sea más alto? Más bajo? Más moreno, más gordo, más guapo? Quieres más luz? Más frío? Nieve? Quieres 15 tomas hasta tener la toma perfecta. Quieres ese momento en el que ves eso que soñaste durante tres años enteros... en el monitor de tu video asist. Y lo tienes. Una tras otra tras otra. Las tienes. Las puedes ir tachando de tu plan de rodaje. La vida en una lista de tareas por cumplir que se van cumpliendo, limpia, matemática, inexorablemente.
Y un día se acaba. Un día tachas la última escena. Un día haces un beso en la lluvia, y es perfecto. Y no necesitas otra toma. Ninguna otra toma de nada. Aplaudes. Te abrazas con todo mundo. Y se acaba.
Y entonces resulta que la vida también sucede allá afuera, donde no hay llamados, ni breaks, ni servicio de café, ni playback cuando dudas de algo. Allá donde no tienes un asistente que te advierta que la estás cagando, ni un fotógrafo para embellecerlo todo, ni un productor que haga que las cosas estén ahí, cuando las necesitas, mágicamente. Una vida donde los actores no siguen indicaciones, donde no hay toma dos, donde todo es una única toma, un plano secuencia a luz natural, sin maquillaje, sin ensayos, sin cortes, sin protecciones. Y tienes que hacerte a la idea, poco a poco, dolorosamente.
O ir preparando tu siguiente película.
Pronto, otros personajes. Pero creo que el fin de rodaje merecía su propia entrada.
Un abrazo a todos, desde este regreso al plano secuencia.
En la foto, LuzMa Rojas, Productora, Gabriel Ripstein, Productor, y Carlos Aguilera, Fotógrafo, se pasean en la ya narrada Harley que les prestó alguien muuuucho más cool que ellos...
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